sábado, 28 de mayo de 2016

finalidad

artesana les explica que lo primero que hay que hacer es tomar una de las hojas, para luego enrollarla con esmero e irla introduciendo entre los resquicios de las sogas que están templadas de abajo hacia arriba sobre una longitud de un metro de alto. Varias alumnas la siguen después. “En una estera como esta yo dormía de niña”, les cuenta Adoración.
“Con las ‘Bibliotecas vivas’ —asegura María Dolores, orgullosa— lo que queremos es conectar el pasado con el presente y el futuro. Lograr que muchas tradiciones propias de nuestra cultura afrodescendiente no se pierdan entre las nuevas generaciones. Que a ellos les quede el mensaje de que es posible construir un país desde la persidad”.
Otras de esas ideas están conectadas con la realidad propia de muchachos que comienzan a explorar su cuerpo, a preguntarse por la sexualidad. Lola, pues, comenzó a notar que los ‘pelados’ conversaban sobre el tema en los recreos, en las esquinas y en sus largas caminatas a la casa, con expresiones soeces.
Entonces echó mano de nuevo de su pedagogía y tuvo la idea ‘corrida’ de crear con sus versos una canción que en poco tiempo sus estudiantes tararearon y en cuyas líneas hay dos verbos inventados por ella: ‘cosorriquiar’ y ‘maromiar’.
“Virgencita yo sí me voy a cuidar/ dejaré de ser promiscuo para tirar fidelidad/ el problema Virgencita es que a mí me gusta mucho/ mucho un ‘cosorriquiar’”, pregona uno de los jóvenes.
“Quién te oye dirá que es cierto/ cuando el peligro asoma/ hay mamacita, hay mi Dios, Virgencita decís vos/ porque a la hora de la maroma, no los recordás jamás”, responde la profe Lola.
Con varios de esos mismos muchachos es que María Dolores sigue dándole vida al proyecto más consentido de su ‘Pedagogía de la corridez’: una banda marcial que nació justo después de comenzar a golpear espontáneamente los pupitres de un salón con lapiceros y marcadores.

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