sábado, 28 de mayo de 2016

la pedagogía de la corridez


María Dolores Grueso, la maestra ‘corrida’ del Cauca
María Dolores, con su infaltable turbante de colores y esas pulseras de semillas de totumo que no se quita ni siquiera cuando lava la ropa en el río.
Foto: Cortesía Colectivo Viento en Popa

María Dolores Grueso es una maestra del Cauca creadora de un modelo educativo en el que la cultura afro está al servicio de la cotidianidad de sus estudiantes: la ‘Pedagogía de la corridez’, reconocida en los premios Mujer Cafam. Retrato de una poeta que improvisa versos para explicar la vida.
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En la Institución Educativa Dos Ríos, el colegio donde enseña María Dolores Grueso desde hace más de treinta años, aprenderse el Teorema de Pitágoras es tan valioso como saber que una rama de gualanday mejora la circulación o que una infusión de calambombo ayuda combatir el dengue.
Tan importante la buena ortografía como manejar la técnica con la que se fabrican las esteras, esas ‘sábanas’ gruesas hechas en hojas de palma, en las que siglos atrás dormían los ancestros africanos.
¿Quién dijo acaso —se pregunta esta maestra— que lo que uno debe aprender es solo lo que nos llega de otra parte? ¿Que la cultura es únicamente lo que proviene de la “refinada” Europa?
Ni más faltaba, contesta. Por eso en este colegio de piso de tierra y salones de paredes despintadas, ubicado en el corregimiento de Galíndez, en el Valle del Patía, sur del Cauca, la cultura afro está puesta siempre al servicio de todo eso que se aprende en los pupitres y se escribe sobre el tablero.
María Dolores, con su infaltable turbante de colores y esas pulseras de semillas de totumo que no se quita ni siquiera cuando lava la ropa en el río, intenta explicar cómo ocurre eso en una región en donde el sol castiga a diario con 40 grados a la sombra y donde sus alumnos son en su mayoría campesinos pobres, muchos de los cuales deben caminar jornadas de hasta dos horas para llegar a su salón de clase.
Ocurre —dirá— porque a Lola, como la conocen desde que nació en el pueblo, un día le dio por inventarse la ‘Pedagogía de la corridez’, modelo educativo que le ha merecido el aplauso de maestros de las grandes ciudades y ser incluida en Colombia Aprende, portal del Ministerio de Educación en el que se leen consejos y ejemplos que les sirven a los docentes de todo el país para ser mejores en su oficio.
El origen de esa pedagogía suena tan sencillo como inspirador. Alguna vez, por allá en 1981, ante la falta de una banda musical que pudiera representar al colegio en una izada de bandera, a María Dolores se le ocurrió de pronto comenzar a sacar melodías conocidas con el acto elemental de golpear los pupitres con el lomo de los lapiceros y los marcadores.
Fue a partir de ahí, cuenta pertida, que comenzaron a llamarla la ‘maestra loca’; otros, la ‘maestra corrida’. Y eso, lejos de causarle enojo, le pareció el germen de lo que después acabó convertido en un modelo de enseñanza que el año pasado fue reconocido con el premio Cafam a la Mujer por el departamento del Cauca.
La noche en que recibió el galardón se presentó con frases rimadas ante un auditorio. Como si estuviera recitando un poema y no agradeciendo el reconocimiento. Es que Lola compone versos, y habla en versos, desde muy niña. A veces no encuentra otra manera de narrar la vida, de contar el mundo. “Lola me llaman por aquí / María Dolores por allá/ poetiza o bien maestra corrida/ mujer afro del Patía/ en cuya alma y ser la sencillez encuentra cabida”.
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Lola —que es la rectora de Dos Ríos— cuenta que cuando tuvo ese arrebato de convertir los pupitres en instrumentos de música, uno de los chicos le pidió que le enseñara a hacer lo mismo. “Y yo lo hice. Y después llegaron otros y otros más. Y cuando comenzaron a llamarme la maestra corrida, pensé ‘hasta chévere suena eso’. Lo vi como una descripción que me calzaba perfectamente, porque cuando uno se dedica a enseñar, pues se la pasa en un corre-corre todo el tiempo”.
Gracias a la ‘Pedagogía de la corridez’ ocurren cosas que difícilmente uno podría observar en cualquier otro colegio de Colombia: profesores, por ejemplo, que como ella caminan descalzos hasta la playa y recogen leña al hombro, para luego enseñarles a sus pupilos cómo ‘tejer’ con trozos gordos de madera balsas en las que después todos salen a recorrer las aguas del San Jorge y el Guachicono, los ríos alrededor de los cuales transcurre la vida en Galíndez y que por la misma razón le dieron nombre a su único colegio.
Otras veces, usted puede encontrarse a los muchachos, en esos mismos ríos, pero en plena clase de química. A eso, María Dolores lo bautizó ‘Bio-aulas’, que no son otra cosa que salones desprovistos de paredes en los que se aprende a través de las vivencias de los otroshttps://www.youtube.com/watch?v=NQeGAp8NTLo

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