sábado, 28 de mayo de 2016

metodologia

En esas clases los chicos pueden tropezar, digamos, con historias como la de una ‘mazamorrera’, como se les conoce en la región a quienes se dedican a la extracción manual del oro. La verán girar durante varios minutos su batea redonda, cargada inicialmente de piedras y de arena. Poco a poco, ayudada por el agua del río que va desechando con su propia corriente lo que a ella no le sirve, aparecerán ante los ojos de los estudiantes partículas diminutas del mineral que ella venderá por unos cuantos pesos.
La clase servirá para que todos aprendan por qué es tan dañina la minería ilegal. Eso de lo que tanto hablan en los noticieros. Qué pasaría si en lugar de una minera artesanal, el San Jorge y el Guachicono de repente se vieran ‘visitados’ por inmensas retroescavadoras que extraen oro, pero al costo de destruir todo el paisaje a su paso.
La cuestión, dice Lola, es que “los estudiantes no sientan que el profesor es el único que sabe, el que tiene la última palabra. Alguien como Susana enseña también. En la ‘Pedagogía de la corridez’ el aprendizaje es algo colectivo. Es un ‘todos ponen’. Y el reto de ese profesor es ‘cranear’ ideas corridas para lograrlo”.
Ideas como las ‘Bibliotecas vivas’. En el Instituto Dos Ríos les llaman así a esas clases en las que el tutor es un maestro sin más títulos que la experiencia de toda una vida dedicada al mismo oficio. Una de esas maestras ha sido Adoración Angulo, patiana septuagenaria que desde pequeña aprendió el arte de la confección de esteras. La abuela va amarrando con fuerza frente a los muchachos, una por una, las sogas de colores que sostienen las hojas de palma.
La artesana les explica que lo primero que hay que hacer es tomar una de las hojas, para luego enrollarla con esmero e irla introduciendo entre los resquicios de las sogas que están templadas de abajo hacia arriba sobre una longitud de un metro de alto. Varias alumnas la siguen después. “En una estera como esta yo dormía de niña”, les cuenta Adoración.
“Con las ‘Bibliotecas vivas’ —asegura María Dolores, orgullosa— lo que queremos es conectar el pasado con el presente y el futuro. Lograr que muchas tradiciones propias de nuestra cultura afrodescendiente no se pierdan entre las nuevas generaciones. Que a ellos les quede el mensaje de que es posible construir un país desde la persidad”.
Otras de esas ideas están conec

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